EL CALVARIO DE LA ANTORCHA

Siempre me ha parecido inapropiada la mezcla de deporte y política, pero hay ocasiones en los que es inevitable que así suceda. Desde que se encendió la llama olímpica hace poco en Grecia, el deambular de la antorcha por los diferentes países se está convirtiendo en todo un suplicio que no cesa, un auténtico calvario.

 

Se ha aprovechado la ocasión y la publicidad que ello supone para realizar enérgicas protestas ante lo que a los ojos del mundo entero es una pantomima.

La celebración de los Juegos Olímpicos, los juegos de la Paz, en China, un país que desde luego no se caracteriza por hacer uso de este sustantivo. El Tíbet vuelve a ser el centro, la causa de la ira mundial hacia el gigante chino. Los tibetanos saben de sobra que no van a volver a tener una oportunidad mejor para reclamar sus derechos que la de este año. Los ojos del mundo están vueltos hacia China, se mira con lupa todo lo que hacen y cada día que pasa se les está complicando más la organización de tan gran evento. Es un momento único para que la comunidad internacional haga algo a favor de los tibetanos que, desde la década de los 50 sufre la invasión militar de la todopoderosa China.

Se está debatiendo en todo el mundo la posibilidad de boicotear la ceremonia de inauguración en Pekín, algo que me parece de lo más acertado. China necesita recibir un severo toque de atención por parte de los países del mundo. Recordemos que jamás se ha hecho nada por devolverles la soberanía injustamente arrebatada a los tibetanos. Si hubiese petróleo en Lhasa, otro gallo les hubiera cantado. Pero nadie movió un dedo por estos desgraciados de túnica y fueron violentamente masacrados por el ejército rojo.

En los últimos altercados del mes de marzo, a las autoridades chinas se les ha visto el plumero cuando han expulsado del país a los medios de comunicación que pretendían informar al mundo de la represión que volvían a sufrir los tibetanos. Afortunadamente, a estas alturas es casi imposible parar la cantidad de información que puede surgir en cualquier parte del mundo y a manos de cualquiera. En pocos minutos el mundo era conocedor de la realidad de los disturbios de Lhasa.

Por tanto me parece muy acertada esta campaña que se está llevando a cabo de forma globalizada contra la represión china. Si por mi fuera les quitaba la organización de los Juegos inmediatamente.

Mientras tanto, será la pobre antorcha olímpica la que sufra las iras de la humanidad, aunque probablemente sea la que menos culpa tiene.

En esta ocasión si me ha parecido acertada esta mezcla de deporte y política, sin que sirva de precedente.

Lord Buworld.

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