UNA COPA DE RIBERA

Denominación de Origen Ribera de Duero: “Los viñedos acogidos a la Denominación de Origen Ribera del Duero están localizados dentro una franja de la cuenca del Duero de unos 115 kilómetros de longitud situada en la confluencia de las provincias de Soria (18 municipios), Burgos (59), Segovia (4) y Valladolid (19). Comienza aproximadamente por el este en San Esteban de Gormaz y se extiende hasta Quintanilla de Onésimo en el oeste”. Fuente: Wikipedia.

 

No tengo, hablando mal, ni puta idea de vinos, pero poco a poco voy sabiendo algo más. Me está pasando desde que cumplí los 30. En mi década de los 20 ni se me hubiese ocurrido pedir un vino en un bar o bebérmelo en mi casa. Ahora me acuerdo de mi padre, que en algunas reuniones me decía, tómate una copita de Rioja o Ribera de Duero y ya verás lo que es bueno. No le hacía caso alguno y ahora le recuerdo lo gilipollas que era. Él se ríe y habla de que con los años se adquieren buenos y malos hábitos, y aprender a saborear un buen vino desde luego está entre los mejores hábitos. Como todo, con prudencia y en cantidades justas, de lo contrario la cogorza será monumental.

Con mi trabajo, estoy conociendo lugares que no había visitado antes y Valladolid ha sido uno de estos lugares. Esta ciudad, preciosa y que recomiendo visitar, es uno de los enclaves de la Ribera del Duero, una denominación de origen que he empezado a valorar recientemente. Hasta el momento, Rioja, La Mancha y algún que otro caldo gallego habían sido las denominaciones cuyos vinos había tenido el gusto de probar.

Pero me he topado con Ribera de Duero y doy las gracias a Dios o a quién me dio a probar sus vinos por primera vez.

En esta visita a Valladolid, he podido comprobar una tradición que me encantaría existiese en mi tierra, la cultura del vino. En Málaga hay vinos, dulces sobre todo, pero yo quiero hablar de la tradición de ir a los bares y tabernas a tomarse una copa de buen vino, algo que yo no he visto más que en el norte.

 

Es uno de esos placeres que nos ofrece España y que no todos sabemos valorar. No cuesta mucho y si no podemos visitar esos lugares, si que podemos optar por comprar una botella y saborearla en nuestras casas.

Hay que recuperar y me consta que se están haciendo bastantes campañas para dar a conocer este exquisito producto milenario y que aún podemos disfrutar.

Les animo a que se tomen una buena copita de vino y verán como no les engaño. Sobra decir que esto va dirigido a aquellas personas que no hayan tenido el gusto de saborear este manjar tan nuestro. A los que normalmente lo hacen, ya saben de lo que les hablo.

Yo, mientras tanto, seguiré descubriendo poco a poco las muchas sorpresas que aún me esperan cuando me sirva una copita de buen Ribera, Rioja o lo que sea.

Háganlo y sonreirán.

Lord Buworld.

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