CUANDO LA NAVIDAD ERA OTRA COSA

Mañana empiezan las fiestas navideñas, una época del año especial tanto si te gusta como si no es de tu agrado. Hoy en este nuevo capítulo de esta serie “vintage” quiero recordar cómo eran las Navidades de mi niñez que, no me importa reconocer, las añoro. Siempre he dicho que es especial cuando se es niño, cuando la inocencia es la marca que guía tu vida, sin los agobios y preocupaciones que estigmatizan tu vida de adulto. Por momentos, desearía volver a ser un niño, cuando adoraba estos días y todo era distinto.

Recuerdo siempre el último día de colegio, solía coincidir con el día de la Lotería de Navidad, el 22 de Diciembre y normalmente había una fiesta en la clase, en el Colegio Palma de Mallorca de Torremolinos. Nos traíamos refrescos, sándwiches, patatas y la profesora ponía música en un radio-casette. Los compañeros de clase eran como tu familia, pues estábamos juntos desde Párvulos. Después comenzaban las deseadas vacaciones que las pasaba en la calle jugando, siempre jugando, daba igual que hiciese frío o lloviese. Eran días en los que nuestros padres se relajaban y los horarios no eran estrictos, aunque la verdad nunca he sufrido una educación severa, mis padres siempre fueron geniales en ese aspecto. Días en que decorábamos la casa con el árbol de Navidad y el Belén, que mi padre se esmeraba en decorar y que siempre nos llevaba a recoger piedras y tierra natural al campo, para que pareciese más auténtico.  Dios, cómo recuerdo aquello.

Las Nochebuenas las pasábamos en familia, normalmente en casa de alguno de nuestros tíos y allí todos los primos disfrutábamos. Era uno de mis días preferidos del año, porque estábamos todos los niños juntos. Eso desgraciadamente, se acabó hace muchos años, cuando la Nochebuena se convirtió siempre en una pesadilla.

Mi familia nunca siguió el rito de Papá Noel, nosotros siempre fuimos y somos de los Reyes Magos, así que el día de Navidad era normal aunque mis padres siempre nos llevaban a algún sitio.

Esos días, los vivíamos con impaciencia ante el día de Reyes, con la esperanza de recibir aquello que habíamos pedido, aunque claro, eso no siempre era así. En algún capítulo anterior de esta serie he recordado mi sueño imposible del Scalextric. Pero los Reyes siempre se portaron bien con nosotros y ese día era memorable, con los legendarios cabreos de mi hermano que, veía impotente como Ana, la pequeña, rechazaba sus muñecas para jugar con los de él. Yo por entonces, contaba unos 10 años y hacía de pacificador. Mi madre miraba desconsolada las muñecas que con tanto esfuerzo, sólo ella lo sabe, había reservado en la juguetería de turno. Eso lo recuerdo como si fuera ayer.

En aquella época uno no podía pensar en la situación económica de nuestros padres, pero siempre les recuerdo con una buena cara, pese a que años después supe que no siempre les resultó fácil poder regalarnos. Ahora los entiendo y les admiro. Si a mí me cuesta tanto poder sacar un hijo adelante, no quiero ni imaginar lo que son tres.

Estos últimos años están siendo tan complicados en todos los sentidos que, uno termina añorando aquellas navidades de la niñez, cuando las preocupaciones no existían y la diversión gobernaba nuestras vidas.

Por eso y pese a mi mala situación personal, en estos días intento adentrarme en el prisma de mi hijo Daniel, a sus 3 años rebosantes de alegría y ganas de jugar. Me paseo con él por las calles repletas de luces y adornos, escribimos la carta a los Reyes Magos e intento que estos días sean especiales para él. Quiero que cuando sea mayor tenga los mismos recuerdos que su padre tiene de la Navidad, una época de alegría, de gozo y de padres con caras sonrientes.

“A lo mejor Daniel, lees esto dentro de muchos años y quiero que sepas que tu padre, en aquella Navidad de 2009 al igual que las anteriores, pese a todo el sufrimiento personal, intentó que fueses un niño feliz. Y el triunfo sería grande si tus recuerdos fuesen positivos.”

Pese a que no tengo ganas de Navidad, por él, por su madre y también por mí, haré todo lo posible para pasar unos días agradables.

Mientras tanto, esbozo una sonrisa recordando aquellas navidades del 1977, 78, 83, 84, etc.

Lord Buworld

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One Comment en “CUANDO LA NAVIDAD ERA OTRA COSA”

  1. Ana Says:

    Estoy segura de que Daniel tendrá los mismos recuerdos increíbles de la Navidad que tenemos nosotros, al igual que estoy segura de que volveremos a tener Navidades de esas; quién sabe, a lo mejor con algún hijo mío por ahí también, jajajaja.
    Feliz Navidad!
    Un beso,

    Ana


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