CUARTETO MUSICADO 3: TECLADOS AND ROAD MANAGER

¿CÚANTOS DEDOS TIENEN TUS MANOS?

 La luz del despertador que reposaba en la mesilla de noche nunca había sido un impedimento para conciliar el sueño pero esa noche el verde de unos números que parecían cansados se había instalado en sus retinas con la intención de no marcharse por más que cerrara los ojos con todas sus fuerzas. Decidió encender la televisión esperando así alejar de su cabeza aquello que llevaba todo el día golpeando sin tregua cada centímetro de su anatomía. Estiró el brazo en dirección a la mesilla pero por más que deslizaba su mano sobre ésta no encontró el mando. Finalmente, después de buscarlo entre las sábanas, lo encontró bajo la cama, junto a las zapatillas.

Apuntó hacia la televisión y la luz roja que parecía flotar frente a sus ojos se volvió verde. Al instante, el negro de la pantalla estalló para ofrecerle uno de esos programas en los que la chica más ligera del último gran hermano hacía creer que estabas frente al mostrador de una carnicería. Cambió de canal a la vez que una frase repleta de adjetivos des-calificativos se deslizaba entre sus dientes pero la siguiente estación le brindó una copia de la primera. 

Después de pasearse por toda la parrilla y ver que la mejor opción era la de un tipo que prometía acabar con los problemas de espaldas colgándote como si fueras un murciélago, decidió volver a teñir de verde el cuarto.

No pasó mucho rato hasta que se levantó y dirigió sus pasos hacia el bar del salón. La elección estaba clara; dos hielos, whisky escocés y agua. El orden era lo de menos. Se dejó caer en el sofá a la vez que agarraba con fuerza el vaso. El primer trago fue como un beso de bienvenida. No dejó pasar más tiempo hasta que el segundo trago corrió por su garganta. El reloj que colgaba en una esquina del bar marcaba las tres y veintisiete. El tercer trago dejó a los hielos huérfanos de padre y madre. Tras el primer whisky vino otro y tras ese, otro más.

Pensaba que el alcohol nublaría su razón y de esa forma los problemas se irían diluyendo hasta dejar de atenazarle. Se equivocó.

No era de esas personas que solían compartir sus preocupaciones con los demás pero en esta ocasión sintió la necesidad de hacerlo. Miró otra vez el reloj. Era tarde. Demasiado tarde. Aún así, se levantó y cogió el teléfono. Ahora debía decidir quién sería el receptor de su llamada.

Comenzó a hacer un repaso mental de los posibles candidatos y se dió cuenta que los dedos de una mano no bastaban para nombrarlos a todos. Se quedó pensativo.

Marcó el primer número y esperó. Al otro lado, una voz dormida contestó:

–         Si?

–         Soy Leo.

–         Qué Leo?

Colgó.

Volvió a marcar. Primer tono. Nada. Segundo tono. Nada. Tercer tono. Nada. Cuando estaba a punto de colgar alguien espetó:

–         Quién es?

–         Soy yo, Leo.

–         Joder Leo, qué hora es?

No contestó. Se limitó a apretar el botón que daba por finalizada la conversación.

Nuevo intento. Esta vez seguro que funcionaría.

–         La tercera siempre es la buena – se dijo.

Nueve, cinco, dos, tres, ocho, ocho, cinco, tres, siete. Después del segundo tono escuchó una voz de mujer:

–         Diga 

–         Hola Sandra, soy Leo. Puedes ponerme con Javi?

No le devolvió ni una sola palabra aunque pudo escucharla decir:

–         Toma. Es Leo. Dile que no vuelva a llamar nunca más a estas horas.

–         Qué pasa Leo? Todo va bien?

–         Hola Javi. Perdona que te llame tan tarde pero es que necesito que nos veamos. Estoy de mierda hasta el cuello.

–         Bueno, esta mañana tengo un hueco libre a eso de las once y…

Antes de escuchar la hora a la que le estaban citando ya había cortado la llamada.

Se preguntó qué coño estaba haciendo llamando por teléfono a horas en las que la gente no hacía otra cosa más que dormir. Mejor sería volver a encender la televisión. Quizá la morena tonta y ensiliconada se había marchado con el hombre murciélago para dar paso a gente con cosas más interesantes que contar.

Se dirigió al dormitorio con el teléfono en la mano. Otra vez la luz verde.

–         Joder, esto parece un anuncio de Heineken.

Se metió en la cama y antes de dejar el teléfono sobre la mesilla decidió probar una vez más. Aunque vivían en la misma ciudad hacía mucho tiempo que no sabía nada de la persona que respondería al otro lado.

–         Quizá haya cambiado de número- pensó.

Miró la hora. Seguía siendo muy tarde. Decidió marcar antes de arrepentirse. Primer tono. Nada. No dio tiempo a más. Se escuchó una voz:

–         Me visto y voy directamente hacia tu casa.

Julio Ariza

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8 comentarios en “CUARTETO MUSICADO 3: TECLADOS AND ROAD MANAGER”

  1. Lord Buworld Says:

    Lo confieso, este ha sido el texto que más me ha impresionado porque el caballero Julio se ha sacado una narración sin fisuras. Sobran las palabras. La canción elegida la he puesto al final del todo porque me parecía más apropiado. Con total sinceridad, enhorabuena.

  2. rulos Says:

    Hermano, buena historia.
    Siempre he pensado que detrás de tí hay un artista escondido. De momento me gusta como lo canalizas: mecenas, letras…. para cuando el pincel?

    Un beso

  3. Julio Says:

    Gracias por tus palabras.

  4. Julio Says:

    La verdad es que ya tengo varios cuadros de una época en la que me dió por meterme en el taller de Osvaldo a jugar con la madera y la pintura. Eso sí, no me pidas que te enseñe los resultados.
    Aprovecho para desear unas muy felices fiestas a todos. Besos y abrazos!

  5. Ana Says:

    Mi más sincera enhorabuena. Un relato perfecto, además de bello. No sobra ni falta nada…deberías escribir más asiduamente y, si lo haces, dejar que los demás disfrutemos de ello. Un besazo.

  6. Eli Says:

    Genial Julio. Como ha dicho Ana, ni sobra ni falta nada. Un texto precioso. Un abrazo.

  7. tanya Says:

    great. Le felicito


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