SOÑANDO EN DÍAS GRISES

Hoy es un día lluvioso, de esos que invitan a relajarse frente a una chimenea, con una buena taza de café, un libro o una charla amena e interesante. Mientras tecleo estas líneas encerrado entre las paredes de una oficina, como tantas otras del mundo, de la vida, mi mente vuela hacia un lugar en el que me encuentro sentado frente al crepitar de ascuas y cuando miro al lado, a través de un amplio ventanal puedo ver el mar o un bosque mediterráneo que me invita a pasear. Salgo, paseo, mis botas se hunden levemente en una tierra húmeda, mojada que exhala ese olor tan característico que solo la tierra empapada desprende en invierno. Un perro labrador me acompaña alegremente mientras le lanzo ramas cortadas que me devuelve con alborozo. Detrás, mi mujer y mi hijo me llaman desde el porche de entrada pidiéndome que regrese al calor de la chimenea porque hace mucho frío.

Yo sonrío y les digo que en un rato. Mientras camino por senderos y vericuetos, entre árboles majestuosos  y con el gris tenue marcando el color del día, observo a una pequeña rapaz que ensaya un picado, preparándose de esa manera para futuros combates por algo tan sencillo como la supervivencia de las especies, la lucha antagónica por la vida.  El paseo me lleva hasta un riachuelo que sortea las rocas arrastradas desde montes cercanos y no puedo evitar introducir mis manos en el frío helado, hiriente de la corriente limpia. Me llevo mis manos al rostro para sentir el frío y la vida que arrastra el cauce del riachuelo.

Vuelvo por el mismo sendero, entre castaños y con el labrador rodeándome, me acerco a la casa  y por el ventanal veo como mi mujer y mi hijo leen un cuento con el fuego milenario por testigo. Entro al salón con una taza humeante de café que reposa en mis manos, embriagado por el olor a leña y a hogar. Mi gran amigo me llama, vendrá a pasar el fin de semana con su familia. Esbozo una amplia sonrisa y me siento frente al fuego.

Vuelvo a este teclado y a esta pantalla de ordenador. Durante unos instantes mi mente ha volado hacia un sueño. Quizá la música de fondo de Sting me ha transportado hacia un lugar soñado y rodeado de lo que uno más quiere.

A través de los cristales llorosos y empañados por la lluvia, puedo ver un día gris y el mar, fundido con las nubes, solo que no hay taza de café humeante, ni chimenea, solo una luz impersonal y el ruido insano de oficina.

Lord Buworld

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2 comentarios en “SOÑANDO EN DÍAS GRISES”

  1. Ana Says:

    Precioso relato…no dejes de soñar, ya sabes lo que dicen “cuidado con lo que sueñas porque puede hacerse realidad”…ya sabes ;) Un beso.


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