LOS CINES DE VERANO

Los que son lectores habituales de este blog (siempre agradecido), saben que en el verano soy dado a escribir sobre cosas que me provocan cierto placer. Recordar episodios de mi infancia y adolescencia, forman parte de ese complejo entramado en los que los recuerdos se alojan. Mi serie “Vintage” es esa galería personal donde duermen, como habitantes imperecederos, mis memorias agradables y a veces inocentes. En este lunes de calor asfixiante, el tren de mi memoria hace parada en los cines de verano, espacios habituales en muchísimos lugares de España y que todavía existen. Yo visité algunos y por eso me apetece hablarles de ellos. Noches para el recuerdo con todo tipo de películas.

Hablar de cine de verano, en mi caso particular, es viajar hasta los años 80 y ubicarlo en Torremolinos, en el mítico Cine Princesa. Lo de mítico lo digo más por deseo que por realidad porque si algo lo caracterizaba, desde luego, no era la comodidad ni la calidad. Sillas de hierro que, literalmente, se te clavaban en la espalda y te dejaban su estigma impregnado en la piel durante un par de días. Los reposabrazos no eran un prodigio de ergonomía y les juro que daban calambrazos que te hacían resoplar en medio de la película. Las sillas eran una tortura pero no eran impedimento para disfrutar de la sesión doble. Por 100 pesetas te cargabas un par de películas aunque tu físico sufriese las consecuencias.

Las proyecciones no siempre eran de rabiosa actualidad, de hecho solían ser películas más antiguas y que ya habías visto, pero daba igual, acudías con algarabía disfrutando de las palomitas y la coca-cola.

Los alardes tecnológicos dejaban mucho que desear. La pantalla era básicamente un muro con el encuadre pintado en el que a veces, no les engaño, una cucaracha lo cruzaba con parsimonia y se paraba sobre el pómulo derecho del malogrado Christopher Reeve en Superman o de Sean Connery en Desde Rusia con amor. Pero bueno, eso eran daños colaterales que eran celebrados con júbilo e incluso con algún intento de apedreamiento logístico.

Hablar del sonido es decir que era una hazaña adivinar lo que el actor de turno decía puesto que la calidad enlatada que desprendían aquellos altavoces  era frecuentemente eclipsada por el ruido de los coches que constantemente circulaban por la carretera paralela al cine.

Pero daba igual, nada de todo lo que he dicho era obstáculo para ir al cine de verano por lo menos, una vez a la semana. Mi padre me llevó algunas veces pero su espalda sufría los rigores del mamotreto de hierro del que les he hablado al principio. Normalmente bajaba con un amigo y su padre, que era un autentico devoto de los cines de verano y nos llevaba todas las semanas.

Películas fueron muchas, ahora se me vienen a la mente Superman ( en todas sus partes), En busca del arca perdida, una horrorosa de Spiderman luchando contra los ninjas (aún no he superado el trauma), Encuentros en la tercera fase, algunas de James Bond, Los Goonies o los Bicivoladores. Como les digo, siempre en sesión doble.

La última vez que pisé un cine de verano y lo hice por recordar mi niñez, tuvo lugar en el último cine de verano que existió cercano a mi localidad. Fue en Arroyo de la Miel en el verano de 1999 y la película que vi fue El Sexto Sentido. Lo sé porque hasta hace bien poco guardaba la entrada.

Todavía se proyectan en Torremolinos películas en las noches veraniegas pero ahora tienen lugar en la playa. Aunque seguro que es interesante, no creo que puedan hacerme recordar a aquellas míticas veladas en el Cine Princesa.

Si alguno todavía puede tener la oportunidad de revivir una noche así, que lo haga, la sonrisa será inevitable.

Qué noches tan memorables disfruté.
Lord Buworld

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4 comentarios en “LOS CINES DE VERANO”

  1. SR FEUDAL Says:

    Y que lo digas, amigo, muy buenos recuerdos, yo también me acuerdo del cine princesa, pero mas cercano el de arroyo.
    Fue una pena que lo quitaran para hacer pisos.

    Un saludo.

  2. Julio Says:

    Yo también tengo un recuerdo muy especial de aquellas incómodas pero maravillosas noches de verano en las que solía ir con alguno de mis hermanos a disfrutar de un ambiente que me fascinaba. Aunque no te lo creas al final encontré la solución a tanto sufrimiento…. me llevaba un cojín de mi casa!

    • Lord Buworld Says:

      Ya sé que esa era la mejor solución pero yo nunca lo hice y el castigo era severo a partir de la hora de proyección. Cuantas noches coincidiríamos y nosotros sin conocernos, jajaja.


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