Arizados 1: “CAMAS VACÍAS”

Abrió la nevera esperando encontrar algo que no llevara caducado más de una semana. Una tímida luz le mostró dos baldas desiertas. En la tercera; medio limón, una lata de tomate y tres latas de cervezas. Cogió una cerveza, cerró la puerta con el pie y mientras daba el primer trago pensó que algún día tendría que pasar por un supermercado. Se dirigió hacia el balcón teñido de rojo por la luz del cartel de un ruinoso y séptico motel que le privaba de cualquier vista.

De fondo, la triste y delicada voz de Chet Baker hacía de prólogo a una trompeta cuyas notas inundaban el minúsculo apartamento interpretando de manera sublime “My Funny Valentine”.

Aquella noche hacía tres meses desde que salió de su casa llevando como único equipaje una maleta llena de ropa, zapatos y fracasos. No le pilló por sorpresa pues hacía mucho tiempo que los cojines del sofá se habían convertido en su única compañía nocturna. El día que se llevó la mesilla de noche al salón supo que ya no había marcha atrás.

Una mañana, mientras desayunaban en silencio, su mujer le pidió el divorcio. Le confesó que había conocido a un tipo capaz de hacerle estremecer sin necesidad de sacar las manos de los bolsillos. No quiso hacer uso de su turno de palabra. Sacó un bolígrafo de su chaqueta y se lo firmó en una rebanada de pan bimbo.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que palabras como rutina y reproches no formaban parte de su vocabulario. Veían películas de Woody Allen, escuchaban Jazz y planeaban encuentros en lugares comprometidos.

De todo aquello solo quedaban algunas marcas en su espalda y una enorme lista de sitios donde tenían prohibida la entrada.

Se acercó a la cocina. Tiró la lata de cerveza a la basura y abandonó el apartamento dejando la música sonar. Le pareció un crimen interrumpir tanto talento.

Caminaba por la calle sin un plan definido. Sus gastadas zapatillas le llevaron hasta un viejo cine que no se encontraba lejos. Al llegar, le pidió una entrada a un tipo alto y gordo que parecía empotrado en la taquilla y cuyos modales hacían juego con la enorme cicatriz de su mejilla.

Entró con la función empezada. La sala estaba totalmente vacía a excepción de una pareja que ocupaban más de dos butacas de la cuarta fila y cuyos gemidos ponían la banda sonora a la película.

Después de diez minutos de visionado ya sabía que la película no valía ni la mitad de lo que costaba y lamentó no tener un revolver entre las manos para poder matar el tiempo.

Se marcho antes de que los créditos salieran a escena. Se hubiese quedado hasta el final pero aquellos pirómanos del sexo estaban pidiendo a gritos un poco de intimidad. Ahí dentro había tanto ardor que le pareció más oportuno salir por la puerta de emergencia.

Apareció en un callejón en donde alguien dormía en una cama de cartones. Varias botellas de vino y una barra de pan duro servían para decorar una habitación que rezumaba un fuerte olor mezcla de orina, alcohol y soledad.

Después de un rato caminando entró en un bar con la intención de tomar unas copas y olvidar por unos momentos fracasos, disputas y facturas. Pidió la primera y se sentó.

En una esquina había un tipo discutiendo con una joven de aspecto frágil. Las marcas que asomanban a los pómulos de la chica revelaban que al muy hijo de puta le gustaba jugar a ser Rocky Marciano.

Al otro lado del bar, mordiéndose los labios cada vez que cruzaba la mirada con alguien, se ofrecía una rubia con tanta goma en su cuerpo que podría alquilarse como castillo para fiestas de cumpleaños.

Detrás de la rubia, sentada sola, una chica no paraba de remover su bebida como si tratara de marearla antes de que esta hiciera lo propio con ella. Estuvieron intercambiando miradas durante un buen rato. Primero con disimulo. Dos cubatas más tarde con descaro. Decidió acercarse. Sería como apostar a caballo ganador.

Cuando a punto estaba de llegar a su altura y decirle algo escuchó a uno de los triunfitos berreando desde el bolso que había sobre la mesa. Aquella no era su parada. Aceleró el paso y continuó hasta los baños.

La puerta del baño de mujeres estaba abierta por lo que pudo ver a dos chicas empolvándose la nariz y tan colocadas que no serían capaz de distinguir la talquistina del mejor perico.

En el baño de hombres las pintadas no dejaban descubrir el color de los azulejos. Las puertas parecían un listín de teléfono. Junto uno de ellos, un tal Sr. 23cms buscaba a alguien para entrar en su vida. Supuso que por la puerta de atrás.

De vuelta a su mesa vió como el bar era tomado por un grupo de féminas. Todas llevaban en la cabeza unas ridículas felpas con pollas de plástico. La homenajeada, además de su fálico tocado, iba ataviada con una banda a modo de miss en las que podía leerse; “por fin me caso”.

Una de las chicas de tan patético pelotón no dejó de mirarle desde que entró por la puerta. Que el resto de los hombres allí presentes estuvieran con pareja o vomitando seguro que tuvo algo que ver.  No le hizo ningún caso pues no le gustaba la idea de juntar dos rabos en la misma cama.  Después de esquivar muchas miradas observó como sacaba una barra de labios del bolso y escribía algo en un posavasos. La chica se levantó para pedir otra bebida de color fluorescente y al pasar por su lado lo dejó caer al suelo. Solo la curiosidad hizo que lo recogiera.

Al darle la vuelta no se sorprendió al ver un número de teléfono lleno de faltas de ortografía. Fue el empujón que necesitaba para apurar la copa de un trago y marcharse.

Ya en su refugio sonó el teléfono. Miro a la pantalla y reconoció el número. Vaciló unos segundos pero terminó contestando. Al otro lado, un aliento con olor a perdón le ofrecía un pasaje de vuelta. Colgó sin decir nada. Ya era tarde.

 

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7 comentarios en “Arizados 1: “CAMAS VACÍAS””

  1. Lord Buworld Says:

    Excepcional Julio, te lo digo de verdad. Enhorabuena y gracias por formar parte.

  2. Julio Says:

    Una vez más soy yo quien te da las gracias por permitirme colaborar en este excelente blog y por ser tan generoso en tus comentarios. Salud, amigo!

  3. rulos Says:

    De lujo hermano. Me has impresionado!
    Vas a se el nuevo “Janfri Bogar” del blog.
    Un abrazo

  4. Julio Says:

    Jaja.
    Gracias, papito!

  5. Ana Says:

    Felicidades, Julio; me ha encantado.


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