Arizados 2: “El Viaje”

La luz de la habitación que se encontraba al final del pasillo estaba encendida. Entró con la certeza de encontrarlo despierto y que el miedo, como venía siendo habitual, sería la causa de su vigilia.

–         ¿Todavía estás despierto? – preguntó

–         Sí, es que no tengo sueño.

–         Es muy tarde. Ya deberías estar dormido.

–         Ya pero es que quiero ver lo que están poniendo en la tele.

–         ¿Seguro que es eso?

–         Bueno…. yo…. es que…

–         Otra vez tienes miedo. ¿Verdad?

–         Sí.

–         No existen razones para estar asustado. Mira a tu alrededor.

Sus pequeños y brillantes ojos azules se movieron rápidamente de un lado a otro de la habitación.

–         Ahora dime. ¿Ves algo a lo que tener miedo?

–         Nada.

–         ¿Entonces?

–         No sé. Es que he escuchado un ruido extraño y me he asustado.

–         Seguro que habrá sido la tele del salón. Venga, intenta dormir que mañana tienes cita con el médico y tenemos que levantarnos muy temprano.

Se dio la vuelta y cuando a punto estaba de salir de la habitación escuchó como le decía:

–         ¿Puedes leerme algo antes de irte? Hace muchos días que no me lees nada.

Se dio la vuelta. Le miró con ternura y le contestó:

–         Tú ganas.

Cogió una silla y se sentó junto a la cama.

EL VIAJE

Aferrado fuertemente a la aleta de aquella extraña criatura fue conducido por lo que parecía un interminable laberinto de arrecife.

Se desplazaban a tanta velocidad que no podía mantener los ojos abiertos durante mucho tiempo así que optó por cerrarlos y centrarse en que sus manos siguieran unidas a aquella mujer cuyo cuerpo se asemejaba al de un pez.

Cada vez que pensaba que no podría aguantar la respiración ni un segundo más subían a la superficie el tiempo justo para tomar aire y de esta manera poder seguir su viaje.

La garganta de su raptora emitió un grito ensordecedor  y volvieron a ascender pero esta vez no volverían al agua. Abrió los ojos y vio como el mar se iba alejando cada vez más.  Cuando alzó la vista observó como aquel ser había mutado en otro no menos enigmático.

Todavía conservaba su rostro de mujer pero no quedaba rastro alguno del pez. Ahora poseía dos enormes alas que azotaban con violencia el aire y unas fuertes garras que le servían para mantener suspendido a su presa.

Seguían ascendiendo cada vez más y mientras se esforzaba por llevar algo de oxígeno a sus pulmones pensaba que no podría aguantar mucho tiempo antes de caer desmayado.

Entonces, cuando a punto estaba de perder el conocimiento, recordó la historia que contaban los más ancianos del lugar.

Decían que las almas de aquellas mujeres que nunca habían sido amadas en vida volvían del más allá buscando una última oportunidad.

Según contaban, elegían entre sus víctimas a aquellos hombres que más amaban a las mujeres. Aquellos cuyo amor era fiel e inquebrantable.

Estos eran conducidos en un viaje sin tregua a través de los sueños de sus portadoras. Un viaje que más tarde o más temprano conseguía doblegar la voluntad de las víctimas hasta hacerlas sucumbir a aquellas extrañas féminas.

Era así como estas mujeres, invisibles en vida a los ojos de los hombres, conseguían finalmente el amor que tantas veces le había sido esquivo.

Sin embargo, hay gente que asegura que hubo un hombre que, por más que viajara por toda suerte de lugares fantásticos, jamás pudo ser sometido. Un hombre que sigue viajando y luchando por no dejar de amar a la mujer a quien un día le entregó su corazón.

FIN

–         Bueno, ahora sí que es hora de dormir.

Se inclinó y le dio un beso en la mejilla.

–         ¡¿Qué hace usted?! – Dijo a la vez que retiraba la cara.

–         Te estoy dando las buenas noches.

Se levantó de la cama con dificulta y exclamó:

–         ¡¿Quién es usted?! ¡¿Qué está haciendo en mi habitación?!

–         Soy yo. Mírame. ¿No me reconoces?

–         ¡Salga ahora mismo de mi casa o llamo a la policía!

Asustado y confuso comenzó a gritar a la vez que corría por toda la habitación.

–         ¡Socorro! ¡Ayúdenme!  ¡Han entrado en mi casa!

Todavía con el libro en la mano se fue hacia él. Le cogió del antebrazo para frenar lo que parecía un baile desesperado y sin sentido. Le miró fijamente a los ojos y con lágrimas en los suyos le dijo:

–         Papá, soy yo. Tu hijo.

Julio Ariza

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4 comentarios en “Arizados 2: “El Viaje””

  1. Lord Buworld Says:

    Muy emotivo Julio, escrito con el alma. Muchas gracias y enhorabuena.

  2. Julio Says:

    Gracias Mi-Lord.
    La verdad es que me hace mucha ilusión colaborar. Menos mal que mi contrato me permite escribir sin prisas. Así da gusto.

  3. rulos Says:

    Bonito y tierno final para tan fantástica historia.
    Enhorabuena hermano. Seguiremos a la espera de la próxima.

    Un abrazo


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