* Para los miembros del Cuarteto Musicado
Una vez más, trasnoché en reflexiones inconexas que me llevaron por calles desiertas y, al mismo tiempo, repletas de rostros vacíos, hastiados de una vida carente de alma. Podría ser el Tokio de Murakami, cubierto por una atmósfera avocada al olvido, pero pronto mis pensamientos me transportaban o creía ser transportado a la sórdida y oscura ciudad nocturna que Travis Bickle merodeaba a lomos de un caballo amarillo metálico. Podía ser cualquier ciudad del mundo, no sé, la verdad es que por más que lo pienso este trasnoche de insomnio forzado solo me ha provocado una resaca de lamento. Junto al sofá donde trato de dominar mis impulsos, una botella de Jack Daniel´s agoniza certificando que el dolor de cabeza que matraquea mis sentidos no solo se debe a las reflexiones inconexas. Junto a ella, un charco pequeño circunda el vaso con trozos de hielo desmembrados que, pocas horas antes habrían sido perfectas rocas acompañantes del emperador de Tennessee y que, en su declive, formaban un líquido desconcertante.










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